Las cosas simples que hacen feliz a un niño/a …y que construyen su mundo emocional
Como psicopedagoga y mamá, hay algo que veo todos los días y que a veces los adultos nos olvidamos: la felicidad de los peques no está en las grandes cosas, sino en los pequeños momentos cotidianos.
No está en un mega juguete nuevo.
Está en nuestra presencia real.
Si pienso en mi hija, lo que más feliz la hace son cosas muy simples.
La hacen feliz las cosquillas antes de dormir.
La hace feliz que le lea el mismo cuento por quinta vez.
La hace feliz ayudarme en tareas de todos los días, como cocinar (aunque tarde el doble).
Y estos momentos, que pueden parecer pequeños, en realidad son enormes.
Porque ahí es donde se construye su seguridad emocional.
¿Por qué los momentos simples son tan importantes?
Los niños y niñas no necesitan una infancia perfecta. Necesitan una infancia acompañada.
Cada vez que compartimos un momento de conexión con ellos, su cerebro recibe un mensaje muy poderoso:
“Estoy en un lugar seguro. Soy importante. Soy querido.”
Y desde esa base, pueden desarrollar:
· Más confianza en sí mismos/as
· Mejor autoestima
· Mayor capacidad para regular sus emociones
· Más seguridad para explorar el mundo
La felicidad en la infancia no es solo una emoción pasajera. Es una base emocional que los acompaña toda la vida.
Los recuerdos que más marcan a un niño/a no son los extraordinarios. Son los cotidianos, repetidos, predecibles y sobre todo los compartidos.
Tres cosas concretas que cualquier familia puede hacer hoy para fortalecer estos momentos felices
No requieren tiempo extra. Requieren presencia y conexión.
1. Regalar 10 minutos de atención plena
Diez minutos donde tu peque elija a qué jugar y vos estés disponible de verdad.
Sin celular.
Sin corregir.
Sin dirigir.
Solo acompañando.
Este momento llena el “tanque emocional” de tu hijo/a.
Y cuando ese tanque está lleno, todo lo demás fluye mejor.
2. Crear pequeños rituales cotidianos
Los rituales le dan a tu peque seguridad y anticipación.
Puede ser:
· Leer un cuento antes de dormir
· Inventar un saludo especial
· Compartir una merienda juntos
· Contarse “lo mejor del día” antes de acostarse
No importa cuál elijas. Importa que sea compartido.
Los rituales se convierten en recuerdos emocionales profundos.
3. Incluirlos en la vida real
A los niños y niñas los hace profundamente felices sentirse capaces y parte.
Ayudar a cocinar una receta.
Regar las plantas del jardín o el balcón.
Ayudar a bañar a una mascota.
Porque no lo viven como una obligación. Lo viven como conexión.
Lo que para el adulto es una tarea, para el niño es una oportunidad de decir: “Yo puedo.”
Ahí se sienten muy valiosos y ese sentimiento va construyendo su autoestima.
La felicidad está en lo cotidiano
A veces creemos que necesitamos hacer más.
Pero en realidad, nuestros hijos e hijas necesitan que estemos más.
Más presentes.
Más disponibles.
Más conectados.
Porque al final del día, lo que más feliz hace a tu peque es algo que no se compra.
Y esa es una felicidad que deja huella para siempre.
Lic. Veronica Di Prinzio
Psicopedagoga - especialista en TEA, crianza y desarrollo
@mamapsicope
